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CINE \\ Spider-Man: Homecoming (Jon Watts, 2017) \\ The perks of being a wall crawler (por Damo).

Tomó un largo tiempo, después de una década de quejas de los fanáticos, y el intento catastrófico de Sony de replicar el éxito cinematográfico de Marvel, Spider-Man ha vuelto a casa. Por supuesto, esto ya no es noticia. El personaje ya hizo su debut en el Marvel Cinematic Universe hace un año, con Tom Holland poniéndose las calzas (?) para Civil War. Pero ahora Spidey consigue abrir sus alas de telaraña en su propia serie de películas bajo el paraguas del MCU. Y dada la popularidad masiva del personaje, posiblemente el personaje más emblemático de la historia de Marvel, no exageramos cuando decimos que este nuevo reboot es muy importante.

En ningún momento en “Spider-Man: Homecoming” hay una escena con un adolescente mordido por una araña radiactiva. Todo se resuelve en una sola línea de diálogo. Tampoco vemos la muerte del tío Ben (#blessed), ni su discurso sobre el poder y la responsabilidad. Los creadores de “Spider-Man: Homecoming” saben que esta es la tercera vez en 15 años que esta franquicia vuelve a arrancar y saben que todo esto está implícito en el espíritu del personaje titular.

Este último reinicio lleva a Peter Parker a sus raíces, siendo un estudiante de segundo año de secundaria, luchando para equilibrar la tarea con su heroica labor balanceándose por los techos de Queens. Eso resulta ser la clave del encanto de la película, la elección que lo distingue no sólo de las otras películas de Spider-Man, sino también de la gran mayoría de las películas de su género. “Spider-Man: Homecoming” es más una comedia adolescente que una extravaganza de superhéroes. Es un soplo de aire fresco y el director Jon Watts (Clown, Cop Car) muestra más comodidad en la comedia que en las genéricas secuencias de acción.

Tom Holland está a la altura de su desempeño prometedor en Civil War. Es la elección perfecta para interpretar a Peter Parker, elegantemente retratando la energía del personaje, su inteligencia y su pathos. Su sentido del humor, su corazón de oro, y su aplastante sentido de auto-decepción están ahí.  Desde su origen en el papel, Parker nació para sufrir. Es el personaje que constantemente decepciona a su círculo íntimo, porque no puede ser un superestudiante y un superhéroe a la vez. Por otra parte, es la persona a la que todos molestan. Todo esto está muy bien retratado en la película.

Parker es casi tan irresponsablemente malo en la lucha contra el crimen como los chicos de “Cop Car” (la anterior película de Watts) con el robo de automóviles. Él es descuidado con su identidad secreta, revelándola accidentalmente a su mejor amigo Ned (Jacob Batalon). Tiene el hábito de causar graves daños a la propiedad mientras se mueve alrededor del barrio, y rara vez logra un aterrizaje limpio. Pero también hay algo conmovedor en la forma en que la película reconoce y abraza la falibilidad adolescente del personaje, su error humano. Este es un Hombre Araña que no puede conducir un auto todavía, que no ha conquistado por completo su miedo a las alturas, que llora cuando está dolorido. Para una película con seis guionistas, “Homecoming “crea una visión notablemente coherente de un chico inteligente que todavía no sabe mucho sobre el mundo, luchando contra el aprendizaje de llevar una doble vida.

En el otro extremo del espectro, tenemos a Adrian Toomes, interpretado por Michael Keaton. Un contratista de la ciudad al que dejan sin trabajo después de los eventos ocurridos en la primera Avengers (que aparentemente tienen más efectos colaterales que la política menemista). De todos modos, Toomes y sus secuaces se las arreglan para robar tecnología chitauri para manufacturar armas futuristas y venderlas en el mercado negro. La lógica es que si los ricos van a seguir jodiendo a los trabajadores y los superhumanos van a hacer que la gente normal sea obsoleta, mejor engañar y cambiar el juego en lugar de inclinarse ante el nuevo orden y desvanecerse. Toomes es un personaje convincente, muy bien interpretado por Keaton, fácilmente uno de los mejores villanos en el MCU hasta ahora. Pero luego se pone el traje. A pesar de todos los esfuerzos, el traje de Vulture no es amenazante, pero Adrian Toomes si lo es. Intenten dar un paseo en auto con él.

Ahora pasamos a los villanos secundarios. Donald Glover está subutilizado como un pequeño ladrón, pero el sobrino de su personaje nos deja la esperanza de que va a ser mucho mejor utilizado en un futuro cercano. Marshall Logan Green (el Tom Hardy de los pobres) y Bokeem Woodbine están desperdiciados como Shocker (Si, los dos hacen del mismo personaje. Si, es una pelotudez) aunque el segundo logra tener cierto tono amenazante acorde al gran actor que vimos en Fargo, y Michael Chernus hace un trabajo de apoyo decente como Phineas Mason / Tinkerer.

Si la acción no funciona tan bien como la comedia, es porque casi todos los personajes secundarios de ese ámbito están muy bien logrados.  El Ned de Jacob Batalon es el complemento perfecto para Peter. Después está Zendaya (“One name? Who are you? Seal?!”) como Michelle Jones, la rara, la descastada del grupo escolar.  Su humor irónico y su look recuerdan al de Ally Sheedy en The Breakfast Club. En realidad, toda la película es simplemente una película de John Hughes, con un superhéroe en lugar de Matthew Broderick. Ojalá hubiésemos tenido más de sus profesores, porque tanto Hannibal Buress y Martin Starr hacen una labor excepcional con muy poco tiempo en pantalla. Marisa Tomei llena de encanto sin esfuerzo a una Tía May que por fin tiene una edad acorde. No tenía mucho sentido que hubiese dos o tres generaciones de distancia entre May y Peter. Tony Revolori hace lo que puede con la mierda que le escribieron como Flash Thompson, quién ahora es un hippie con OSDE y Angourie Rice tiene un pequeño y simpático cameo como Betty Brant, la periodista estrella del noticiero escolar.

Casi que uno desearía que este Hombre Araña pudiera existir fuera del complejo industrial de Marvel, incluso si las medidas de control de calidad del estudio probablemente lo alejaran del campo minado de las malas decisiones de la serie Amazing de Marc Webb  y de la Spider-Man 3 de Raimi (Spider-Man 2 sigue siendo una de las mejores películas de superhéroes de todos los tiempos). Los pasajes más atolondrados son los que tratan de atar la historia al universo que Marvel ha estado creando desde 2008. Cada vez que Tony Stark o el Leo Farinella de Stark Industries,  Happy Hogan (Jon Favreau) se asoman, llenan tiempo que podría ser mejor gastado en las trincheras adolescentes con Parker. Por suerte, hay bastante de esas escenas, las suficientes para poner a Parker en el centro y para hacer que la película se sienta más como una explosión de diversión de temporada alta que una extensión mercenaria de la marca.

¿Necesitábamos otro Spider-Man tan pronto después de los dos últimos? ¿De los últimos cinco, incluso? Al redescubrir lo que hace que el personaje sea especial, “Spider-Man: Homecoming” sugiere que tal vez si. Y eso es lo sorprendente.

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