FREE FIRE

CINE \\ Free Fire (Ben Weatley, 2017) \\ Fuego contra fuego (por Damo).

“Si en el primer acto has colgado un arma en la pared, entonces en el siguiente debe ser disparada. De lo contrario, no la pongas ahí”, aconsejó Chéjov alguna vez. Después de haber armado a cada uno de su docena de protagonistas, Ben Wheatley toma el consejo de Chéjov y no espera hasta el segundo acto para apretar los gatillos.

Wheatley ha sido alabado (y criticado) por ser un cineasta camaleónico. Y no sin razón. Desde 2009, ha logrado hilvanar una colección de películas que van desde el drama criminal (“Down Terrace”) hasta la comedia negra (“Sightseers”), pasando por el thriller enigmático (“Kill List”), la psicodelia experimental en la guerra civil (“A Field in England”), o a la locura imperante de “High-Rise”. Después de seis películas en la mochila, ciertos temas dominantes y marcas de fábrica están comenzando a emerger.

Quizás no es justo solamente darle el crédito a Wheatley. Su compañera, Amy Jump, ha editado y escrito o co-escrito las últimas cinco (todas excepto “Down Terrace”), y cada vez es más claro que sus contribuciones son una parte integral de su trabajo. Dada esa relación creativa simbiótica, podría ser hora de empezar a hablar de su trabajo en términos de propiedad conjunta, similar a la forma en que nos acercamos a los hermanos Coen.

Otro es que Wheatley y Jump están desarrollando una afición -y aptitud- por los pequeños espacios y la claustrofobia de manera tanto física como psicológica. “Down Terrace” y “Kill List” hicieron uso experto de pequeños espacios domésticos para aumentar la tensión. Los vengativos caravaneros de “Sightseers” pudieron tener a su disposición las vastas extensiones de toda la campiña inglesa, pero sus vidas previamente sobreprotegidas contribuyeron directamente a su rebelión brutal. “A Field In England” aisló a sus cinco protagonistas en su escenario titular y rápidamente los puso en una oscura desventura a través de sus mentes cada vez más paranoicas. Los residentes de “High-Rise” dejaron de salir y comenzaron un descenso al infierno dentro de sus fortificados muros de hormigón.

Ahora, el escenario es una fábrica abandonada en Boston en los años setenta. La premisa se centra alrededor de un acuerdo de armas con el IRA. Los compradores son dirigidos principalmente por Chris y Frank (Cillian Murphy y Michael Smiley), con la ayuda de dos idiotas malhumorados Stevo y Bernie (Sam Riley y Enzo Cilenti). El vendedor es el traficante de armas sudafricano Vernon (Sharlto Copley), junto a su mano derecha Martin (Babou Ceesay) y dos lacayos Gordon y Harry (Noah Taylor y Jack Reynor). Por último,  están Justine y Ord (Brie Larson y Armie Hammer), los dos intermediarios que han negociado este acuerdo y trabajan para mantener la transacción pacífica entre las dos partes involucradas y cobrar su parte.

Todo avanza casi sin sobresaltos, hasta que Stevo y Harry se cruzan (reviviendo una larga historia violenta que incluye una prima) y las balas comienzan a volar. Lo importante de esto es que no hay superhumanos en este grupo. La película hace un notable esfuerzo para mantener la suspensión de la incredulidad a un mínimo. Si bien estos personajes pueden ser criminales profesionales, ninguno de ellos son máquinas de matar indestructibles a la par de James Bond, Jason Bourne, Ethan Hunt o John Wick. El punto es que cuando estos personajes reciben un disparo, claramente lastima. Es el pánico y pandemonio, todos rengos y arrastrándose por el piso, atendiendo sus heridas y contando las balas que les quedan. La última película que recuerdo de este estilo es  “The Way of the Gun”, un gran film del año 2000 de Christopher McQuarrie (que venía de guionar “The Usual Suspects”) protagonizada por Benicio del Toro, Ryan Phillipe, Juliette Lewis y James Caan

La mala noticia es que es un caos. Es increíblemente difícil hacer un seguimiento de todos los diferentes personajes y quién está tratando de matar a quién y con qué propósito. Ni siquiera tenemos el beneficio de “buenos” o “malos” claros, ya que se ha hecho muy claro desde el principio que cada uno de ellos es una raza diferente de escoria. Mantener el control de los personajes también es difícil, ya que la cámara a menudo se mueve libremente y ningún editor podría haber estado a la altura de una tarea tan monumental como esta.

Pero la buena noticia es que es un caos. Toda la película es impredecible de principio a fin. Incluso en los momentos más tranquilos, hay una poderosa tensión subyacente mientras esperamos que el siguiente disparo y la carnicería empiecen de nuevo.

Las actuaciones en sí son encantadoras. Brie Larson le da otra vuelta de tuerca a su marca de fábrica del poder feminista, especialmente en un elenco que es una fiesta de salchichas. Armie Hammer es otro punto alto, demostrando una vez más que da mucho más como secundario que como protagonista. Luego está Vernon, un egomaníaco desenfrenado muy bien construido por Sharlto Copley. Sería negligente no mencionar a Sam Riley. Lo alemanes tienen una expresión, backpfeifengesicht, que refiere a un rostro que merece un par de sopapos. Riley tiene ese tipo de rostro y la sordidez de su personaje lo ayuda a cumplir su cometido. Debería intentar con personajes de este estilo más a menudo.

Se podría pensar que la música es un highlight de la película, como todas las películas que transcurren en esa década. Sin embargo, el único artista de los años 70 cuya música aparece destacadamente es … John Denver. Toda la película tiene un gran sentido del humor, con muchas líneas divertidas y gags que funcionan a la perfección, como el que incluye una máquina de escribir.

Para bien o para mal, “Free Fire” es 90 minutos de puro caos. Es enteramente debatible si eso significa un lío incomprensible e inconsecuente, o una excitante pieza de acción en la que cualquier cosa podría suceder.  Puede que “Free Fire” tan solo sea un simple tiroteo eterno sin fundamento, pero es el mejor tipo de simple tiroteo eterno sin fundamento que vas a ver.

 

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