American Gods Season 1 2017

SERIES \\ American Gods (2017 – Amazon) \\ Canción del inmigrante (por Damo).

En el tipo de coincidencia que haría reír a Mr. Wednesday, hay dos lanzamientos importantes de 2017 arraigados en la mitología nórdica, que están siendo promocionados casi como una road movie. “Thor: Ragnarok” de Taika Waititi, llega en noviembre, con el hijo de Odin y su “amigo de trabajo”, el Increíble Hulk, recorriendo el cosmos para defendernos del fin de la existencia. Pero antes debemos parar en un montón de pueblitos en el corazón de Estado Unidos para sacar fotos antes de que sean borrados del mapa en la guerra sobrenatural de “American Gods”.

Adaptado de la magnífica novela homónima de Neil Gaiman por una de las  voces más originales de la televisión, Bryan Fuller (Hannibal, Dead Like Me, Pushing Daisies y Wonderfalls), no se parece a nada que hayan visto. “American Gods” es una bestia valiente porque no está diseñada para complacer a la mayoría de las audiencias. Es rara porque puede darse el lujo de serlo y es experimental porque intenta probar hasta donde los límites pueden ser empujados antes de romperse completamente.

“American Gods” es una adaptación fiel, cualquier cambio que el programa hace es sólo para mejorar. Ciertos personajes, como Technical Boy (Bruce Langley), han sido cambiados completamente para reflejar la era moderna. Esto ya no es 2001, y Fuller toma medidas extraordinarias para asegurar que las creencias en los nuevos dioses y la forma en que se personificarían se ajusten a las tendencias y la estética de 2017.

La novela de Gaiman, que está impregnada de mitología mundial, trata sobre el conflicto entre los viejos dioses y los nuevos. Cuando los primeros inmigrantes llegaron a América, trajeron consigo a los antiguos dioses que adoraban. Pero con el tiempo, nuevos dioses (medios, tecnología, dinero) se alzaron para tentar a las masas, y la gente poco a poco perdió la fe en los antiguos. Y sin fe, sin culto, los viejos dioses se desvanecen. Así que se puede ver una guerra en el horizonte.

Nuestro héroe involuntario es Shadow Moon (Ricky Whittle), el hijo afroamericano de una madre soltera hippie, que se encuentra involuntariamente metido en el medio de esta batalla. El mismo día en que es liberado de la cárcel, después de haber cumplido tres años por asalto y agresión, Shadow descubre que su esposa murió en un accidente automovilístico.

A medida que hace el largo viaje a casa para el funeral, termina en un asiento de avión al lado del misterioso Wednesday (Ian McShane). Mr. Wednesday, un estafador con un ojo de vidrio, parece sospechosamente bien informado sobre la vida de Shadow y le ofrece un trabajo como su ayudante / guardaespaldas. Shadow declina la oferta, ya que un amigo tiene un trabajo esperándolo en Indiana. Pero hay otra desagradable sorpresa para Shadow. Resulta que el compañero que le ofrece el trabajo murió en el mismo accidente que su esposa. Peor aún, los dos estaban teniendo relaciones sexuales cuando el coche se estrelló.

Sin esposa, sin trabajo y sin perspectivas, acepta tomar la oferta de Wednesday y los dos pronto salen en un viaje de reclutamiento por todo Estados Unidos. Se cruzan con personajes variopintos como un duende colorado e irlandés de casi dos metros (“los duendes enanos son un estereotipo”), Mad Sweeney (espectacular labor de Pablo Schreiber, hermanastro de Liev y quien esputa el mejor insulto escuchado alguna vez en televisión: LEPRECUNT), con el Dios eslavo de la oscuridad que ahora trabaja en un frigorífico de Chicago, Czernobog (Peter Stormare) o con Media (Gillian Anderson) que desde la pantalla o personificando a algún personaje clásico (Lucille Ball, Marilyn Monroe, David Bowie!) intenta seducir a Shadow para que cambie de bando. Ni Fuller ni Gaiman tienen prisa alguna para que estos dioses americanos lleguen a su destino. Todo en él, incluso su increíble calidad visual, está diseñado para ser saboreado.

El brillo narrativo de Fuller merece actores fuertes, y “American Gods” tiene un reparto fantástico. Todos son espectaculares, pero Gillian Anderson e Ian McShane en particular, son fenomenales. Como dioses, son encantadores y confiados, vendiendo sus papeles desde su primer momento en pantalla. McShane encarna su personaje casi como si Wednesday fuese una extensión de su verdadero yo.

Uno no ve “American Gods”, más bien se sumerge. Casi como ese pobre diablo en el primer capítulo, que es consumido y absorbido por una mujer que conoce a través de un sitio de citas en línea. La mujer es Bilquis (Yetide Badaki), la antigua diosa del amor, que lleva su conquista de vuelta a su departamento y literalmente se lo traga entero durante una sesión de sexo frenético. Y no me refiero a través de su boca, “me refiero ahí abajo!”(?). Es una secuencia extraordinaria, surrealista, extraña y desconcertante, un triunfo de efectos especiales de los que se ven poco y nada en la televisión y que son parte de la piedra angular de la estética de esta serie.

Aunque su panorama abarca océanos, milenios y planos astrales, cuando “American Gods” se centra en su interior, debe cruzar una distancia menos insondable. Lo que estamos viendo en juego no es solo el botín de una guerra o la incitación de la misma. Es una batalla por la identidad, por los individuos y por un país. Cuando Wednesday observa irónicamente que Estados Unidos sigue siendo una nación sin una identidad cohesiva, hay mucho del Viejo Mundo en él hablando. Odín puede ser el dios del conocimiento y la sabiduría, pero no puede ver que el remolino de culturas conforman el rostro cambiante de ese país. Shadow representa ese crisol, y un contrapunto a la afirmación de Wednesday. Casi como un guiño a la problemática social actual, los showrunners están una vez más siguiendo el ejemplo del autor, ya que el verdadero motivo del autor siempre fue contar una historia pro-inmigración.

Al igual que la prosa punzante y desenfadada de Gaiman, el programa toma en serio la rareza de su idea, pero sin perder la alegría. Que la gente crea en uno, como Mr. Wednesday sabe, es más fácil de lograr con una invitación astuta que con una orden contundente. Los dioses, como los espectadores, deberían estar complacidos con esta ofrenda.

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