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CINE \\ Colossal (Nacho Vigalondo, 2017) \\ Drunkzilla (por Damo).

Casi todos los alcohólicos llegan a un momento en el que no pueden mantener la ilusión de estar unidos a algo o alguien. Tal vez le causan daño a un ser querido, tal vez olvidan una fecha crucial. Tal vez las pequeñas mentiras blancas se siguen sumando hasta que la paciencia y la tolerancia se van para siempre. Para Gloria (Anne Hathaway), ese momento llega cuando su novio Tim (Dan Stevens) la espera después de otra mañana en la que ella regresa a casa, todavía un poco borracha, con las valijas listas para echarla. Tim dice que la ama, pero está tan harto de todas sus mentiras que preferiría que ella lo solucionara por su cuenta.

Pero el camino hacia la recuperación nunca es tan simple como el problema de fondo, y en “Colossal”, la trágica y delirante obra del español Nacho Vigalondo (Los Cronocrímenes, Extraterrestre) llena de realismo mágico, la recuperación de Gloria involucra: un regreso al pueblo natal, un viejo amigo de la infancia y un monstruo gigante aplastando todo a su paso en Seúl, Corea del Sur. El monstruo apareció una vez, hace veinticinco años, y desapareció tan rápidamente como llegó. Pero cuando Gloria regresa a su ciudad natal en el norte del estado Nueva York para vivir en la casa vacía y abandonada de sus padres, el monstruo comienza a aparecer de nuevo, cada vez con más frecuencia.  Generalmente suele aparecer cuando ella ha estado tomando alcohol toda la noche en el bar de su viejo amigo Oscar (Jason Sudeikis) y dos de sus clientes más fieles (Tim Blake Nelson y Austin Stowell).

Gloria olvida conversaciones enteras de forma regular, se desmaya en cualquier habitación, se despierta dolorida o se encuentra vagando por un parque a las ocho de la mañana.  Pero cuando descubre que el monstruo que destruye Seúl se manifiesta cada vez que quiebra, Gloria se ve obligada a confrontar su peor faceta, y la posibilidad de que ella está haciendo un daño mucho mayor del que suele autoinflingirse.

Una cosa es la confianza que viene con estar borracho, y otra el poder que viene con el control de un monstruo gigante. Una cosa es la capacidad de dañarse a uno mismo y a otros mientras estás intoxicado, y otra la capacidad de destruir edificios enteros y miles de personas inocentes. Una cosa es quedar como un idiota delante de tus amigos y quizás algunas personas en YouTube y otra es el mundo entero viendote con la boca abierta. Una cosa es meterte en problemas con la policías, y otra es meterte en problemas con las superpotencias mundiales que poseen armas nucleares.

A pesar de que “Colossal” va a recibir atención por tener un kaiju en su historia, lo que Vigalondo logra aquí es una película de género reflexiva.  Su guión entiende bien que la crueldad viene en una serie de formas diferentes, ya sea las cosas que dejamos pasar cuando estamos intoxicados o el abuso absoluto que la gente se inflinge mutuamente. Sin embargo, a pesar de que “Colossal” se mete en territorio sombrío , especialmente en su último tercio, es lo suficientemente perspicaz para recordar que los borrachos por lo general se salen con la suya porque son increíblemente divertidos a veces, hasta que dejan de serlo. Así es que a medida que la trama continúa desarrollándose, se van agregando capas inesperadas como relaciones abusivas, masculinidad tóxica y roles de género. Todo esto se hace mucho más interesante y emocionante porque al mismo tiempo tenemos un monstruo teniendo a una ciudad y al resto del mundo en vilo.

Más allá del gimmick del kaiju, los actores entregan un trabajo excepcional. Anne Hathaway se siente muy cómoda en este tipo de rol, que pensándolo bien es una extensión o secuela del magnífico trabajo que había realizado en esa pequeña gran película del recientemente difunto Jonathan Demme, “Rachel Getting Married”. Dicho esto, el arma secreta de la película es Jason Sudeikis. El talentoso ex Saturday Night Live, compone un personaje encantador que lentamente se va transformando en antagonista y que puede abrirle muchas puertas en el mundo cinematográfico a futuro.

“Colossal” está erróneamente promocionada como una comedia. Es graciosa y dolorosa, estimulante y devastadora, sincera y creativa. Vigalondo encuentra pathos tanto en un pie que se apoya sobre el suelo de un parque, como lo hace en el terror de una ciudad amenazada, y la monstruosidad de “Colossal” se funde perfectamente con su atmósfera de nostalgia, de infancia y de sueños derrumbados. A pesar de toda la autodestrucción y destrucción propiedad ajena, la película de Vigalondo logra concluir en una nota triunfal, incluso cuando reconoce que para alguien con el estilo de vida de Gloria, los problemas nunca terminan realmente.

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