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CINE \\ John Wick: Chapter 2 (Chad Stahelski, 2017) \\ El Verdadero Gun-Kata

“-That “fuckin’ nobody”… is John Wick. He once was an associate of ours. They call him “Baba Yaga”.

-The Boogeyman?

-Well, John wasn’t exactly the Boogeyman. He was the one you sent to kill the fucking Boogeyman”

A finales del año pasado decidí dejar de ver series de televisión, sacando contadas excepciones. La falta de capacidad de síntesis, la saturación del medio y, especialmente, la sensación de tarea y carga que los estrenos y nuevas temporadas significaban, empezaban a ponerme de mal humor. Bueno, peor humor que lo acostumbrado.

Al no sentir la obligación de tener que ponerme al día con la serie de turno me dejó un poco de tiempo libre extra para ver películas en general. Obviamente no pasó mucho tiempo antes de que mis noches terminaran en un deep dive eterno en Netflix (y sucedáneos de dudosa legalidad), consumiendo principalmente películas de artes marciales, como si viviera en un videoclub de 1995. Desde el canon (Bruce Lee, Sonny Chiba) hasta los nuevos clásicos (las sagas The Raid e Ip Man), pasando por los iconoclastas (Jackie Chan, Sammo Hung, Stephen Chow) y los placeres culposos (Van Damme, Seagal, Don “The Dragon” Wilson).

Hacía mucho que no volvía a este género que tantas alegrías me dio en la época que capacidad de análisis no superaba un “¿Sonny Chiba está usando karate contra un toro? ¡ESTO ES LO MEJOR QUE ME PASO EN LA VIDA!*”. Grande fue mi sorpresa al recordar algunas de las principales características de estas películas, especialmente las que tienen Hong Kong como orígen: actores que tienen conocimientos avanzados de artes marciales, escenas de acción con tomas relativamente largas/sin tantos cortes, y peleas exquisitamente coreografiadas como resultado de los puntos anteriores.

La contraposición con la última década del cine de acción occidental es notable. El estilo en boga es el una cantidad excesiva de cortes rápidos en las escenas, lo cual brinda un mayor dinamismo, en detrimento de la capacidad del espectador de apreciar lo que está pasando. En buenas manos, puede funcionar. En la mayoría de los casos solo sirve para entender que hay bardo y marearse.

Este estilo es totalmente entendible en el subgénero “Old Man Action Movies”. Cualquier película en la que Liam Neeson (Taken, Non-Stop, A Walk Among The Tombstones), Denzel Washington (The Equalizer) o Sean Penn (The Gunman) desmantelen una banda de criminales, necesita ser filmado y editado de esta forma, básicamente porque estos actores tienen una movilidad limitada. El tiempo no pasa en vano, y la gente con los años pierde la capacidad de realizar coreografías elaboradas que requieran un gran sacrificio físico (salvo contadas excepciones como Sammo Hung y, si, Tom Cruise).

Pero en general se trata de una mala decisión de quien dirige y/o edita la película. Paul Greengrass es una mala influencia. “Quantum of Solace” es la película de James Bond más inmirable de la historia, peor que la de Halle Berry, Madonna y el auto invisible. Y cuanto menos hablemos de Iron Fist, mejor vamos a sentirnos todos.

No quiero sonar decadentista, pero el cine de acción occidental tiene problemas serios ¿La solución definitiva? Un director con talento para no tener que reposar en recursos que han saturado el panorama fílmico, y un actor con el conocimiento necesario de artes marciales, la capacidad física y la voluntad de esforzarse en el elemento físico de su performance.

La solución definitiva es John Wick.

La primera entrega de la saga del asesino compuesto por Keanu Reeves se transformó en un film de culto rápidamente, y en buena medida esto fue gracias al corte que significó respecto al paradigma del cine de acción imperante.

El actor canadiense se entrenó en judo y jiu jitsu para este film. Ya anteriormente había incursionado en el cine de acción y artes marciales, tomando clases de Wire Fu para Matrix e incluso dirigiendo “Man of Tai Chi” en 2013. También supo ser jugador de hockey sobre hielo en su adolescencia, y si piensan que eso no tiene nada que ver con el combate es porque nunca vieron un partido de la NHL.

Los movimientos de jiu jitsu son explícitos en John Wick 2, como se puede ver en la gran cantidad de peleas que terminan en el piso, así como los combates mano a mano constantes. Estas se dan incluso con armas de fuego al alcance de los combatientes, lo cual recuerda el ficticio Gun Kata de la infravalorada “Equilibrium”.

Dentro del “suspension of disbelief” que el género requiere, esta secuela regala detalles exquisitos. Ya hablamos del que las peleas estén coreografiadas, y de la influencia de distintas artes marciales en la misma. Pero además el personaje interpretado por Keanu utiliza siempre dos tiros para acabar con sus enemigos, incluso cuando estos emergen a montones. Un tiro al cuerpo, para inmovilizarlos, y uno a la cabeza, para asegurarse de que estén muertos. Sabemos que John Wick es irrealmente bueno matando gente, pero esta atención al detalle, que no todos los disparos sean ridículos headshots a la carrera cual Legolas con una semiautomática, lo transforma directamente en un personaje superior. La historia la cuentan los enfrentamientos, los choques, el sacrificio físico. Es la especialidad de Reeves. Nunca debería haber hecho “Dracula” o “Mucho Ruido y Pocas Nueces” para empezar.

Pasar de los cortes de cámara constantes y con escenas inentendibles estilo Greengrass a esta “vuelta a las raíces” del cine de Hong Kong que propone Chad Stahelski, director de la saga, es como pasar de papas fritas congeladas a caseras, o de volver a tener sexo sin preservativo después de mucho mucho tiempo.

De paso, la película se ve hermosa. El neón, muy de moda últimamente visualmente en el cine, se amontona por doquier. La ecuación es básicamente Hong Kong+Nicolas Winding Refn+una cantidad de balas que haría sonrojar a Pablo Escobar. Ah, y la cereza del postre es la expansión del universo de los asesinos a sueldo presentado en la primera película. Y que ya está confirmada una tercera entrega.

A veces si podemos tener cosas buenas. Gócenlo.

 

*N.del.A.: Estoy en contra de la tauromaquia. Estoy en contra de la violencia sin sentido. Pero estoy a favor de ver “Karate Bullfighter” (1975).

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