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CINE \\ Alien: Covenant (Ridley Scott, 2017) \\ Scotty doesn’t know (por Damo).

Hubo un tiempo en que la ciencia ficción no era pochoclera. Fue un género que incitó al público a pensar, meditar y luchar con conceptos, temas y conflictos que estaban más allá de nuestra propia realidad. Las películas no necesitaban grandes explosiones, sacudidas viscerales o efectos grandilocuentes para convertirse en un espectáculo, siempre y cuando tuvieran algo revelador que decir sobre nuestra cultura en general. Naturalmente, a medida que el tiempo ha pasado y los espectadores han evolucionado, y ha habido un sinnúmero de cineastas que que han cruzado la línea entre lo inteligente y salvaje, lo curioso y loco, lo extraño y atrevido. Sir Ridley Scott fue uno de ellos y su “Alien” de 1979, sigue siendo una obra maestra que refleja esas subversiones.

Hoy, a casi 40 años de su estreno, Alien se transformó en una franquicia que entregó tres secuelas, dos spin-offs y ahora, dos precuelas que básicamente ofrecen lo mismo: los humanos se tropiezan con un descubrimiento, los aliens brotan, los humanos mueren y una escotilla se abre. Peor aún, la nostalgia se ha sumado a la ingenuidad, aunque más no sea porque es una apuesta más segura, una garantía de que, llegado el lunes, su película será la reina momentánea en la taquilla. Como tal, estamos recibiendo precuelas, secuelas y reboots cada dos semanas, y nadie los llama por su verdadero: remakes.

“Alien: Covenant” es el último bastardo del lote y se encuentra en una situación complicada: es una secuela de “Prometheus” (2012) y a la vez una precuela de “Alien”. Ok, sí, Prometheus siempre fue concebida como una precuela de Alien, pero nunca llevó el sello de Alien delante de su nombre. Mucho ha cambiado en cinco años, y la idea de crear una historia alternativa en el mismo universo no es tan lucrativa como otra historia en el mismo universo. Prometheus está lejos de ser una buena película pero la intención era interesante. La obsesión fanática de Scott con la creación y de dónde venimos es el tipo de ficción científica que el género podría poner en buen uso, incluso ahora, pero el problema estaba en la ejecución.

“Prometheus” fue un tropiezo para Scott y para el estudio. Sin embargo, se veía increíble y había indicios de buenas ideas para explorar. Sólo se necesitaba algo de claridad para enderezar esta nueva saga. Lo siento, “Alien: Covenant” no es la respuesta. De hecho, es otro descarrilamiento, un claro ejemplo transparente de dos fuerzas trabajando en direcciones opuestas. Por un lado, tenemos el hemisferio derecho de Scott, luchando por contar un thriller existencial sobre dioses, creadores y evolución, y por otro lado, el hemisferio izquierdo insiste en la matemática facilista de entregar una cantidad obscena de guiños al fanático. La icónica música original de Jerry Goldsmith, la misma secuencia de crédito, o usar maquinaria pesada para luchar contra xenomorphs y, por supuesto, el estallido del pecho. No podemos no tener eso, ¿no? Incorrecto. Los pequeños ecos de una secuela más legítima de Prometheus son mucho más fascinantes, como el terror románico que impone el androide malvado David, que por desgracia y guión termina transformado en un mero villano sin matices. Michael Fassbender es David y también Walter, el androide bueno a bordo de Covenant y su actuación es igual de insípida como la de sus últimas películas. Alguien lo debe tener en piloto automático Magneto. Párrafo aparte para la escena donde Fassbender le enseña a tocar la flauta a Fassbender, que tiene destino de meme eterno y no por las razones correctas.

Después de una larga carrera de películas atractivas y estimulantes, Ridley Scott ha sucumbido ante la era moderna de Hollywood, la de las medias tintas.  Si algo distinguía a la punta de lanza de la franquicia fue su heroína, Ripley. Una mujer totalmente badass derrotando al organismo más perfecto y letal del universo. La Elizabeth Shaw de Noomi Rapace en “Prometheus” fue un buen intento de mantener ese espíritu, pero no fue suficiente. La Teniente Daniels de Katherine Waterston es anodina, no tiene fuerza ni logra empatía con el espectador, principalmente porque es un papel mal escrito y al que rodearon con una lista de personajes muy de esta era, sacados del Museo Madame Tussaud de la Corrección Política. Por allí desfilan Oram (Billy Crudup), militar, científico y católico, Tenessee (Danny McBride, quizás el único rescatable del elenco), el piloto redneck de buen corazón, Lope (Demián Bichir), el soldado latino y homosexual que viaja con su pareja, Rosenthal (la australiana Tess Aubrich) militar, científica y judía o la pareja interracial de Upworth y Ricks (Callie Hernandez y Jussie Smollett respectivamente). Pero bueno, esto es lo que la gente quiere, según los estudios. Quizás la gente quiere un guión donde los mejores científicos de la humanidad no actúen como gente que no terminó la primaria, pero puedo estar equivocado. También aparece brevemente James Franco, en un par de escenas breves, tratando de darle importancia a un personaje que no lo tiene y que parece ser un tío futurista del Aron Ralston que Franco interpretó en “127 Horas”. Nuevamente, otro potencial gran elenco, malgastado en un guión lleno de personajes chatos. Tengo la sensación que tanto los guiones de Prometheus y Covenant son meras adaptaciones del hermoso discurso sobre la perfección del xenomorph que recita el androide Ash (Ian Holm), en la Alien original. El único que se atrevió a tanto fue Peter Jackson haciendo tres películas de El Hobbitt.

La verdadera ironía, sin embargo, es que la película trata de un grupo de colonos que se consideran pioneros explorando nuevas tierras. Porque tanto en el 2017 como en el espacio, nadie va a escuchar tus bostezos.

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