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SERIES \\ Ash vs. Evil Dead (FOX +) \\ Sangre, sudor y ánimas (por Damo).

No creo que muchos hayan pensado que “Ash Vs. Evil Dead” iba a ser tan bueno. El director Sam Raimi, la estrella Bruce Campbell, y el productor Robert Tapert regresaron a su legendaria franquicia después de más de dos décadas y poco después de la remake implacable del uruguayo Fede Álvarez del primer film de la saga. Cuando finalmente se estrenó, quedó claro que a pesar del kilometraje, todavía queda un montón de nafta en el tanque.

A diferencia de tantas remakes y reboots nostálgicos, la primera temporada de “Ash Vs. Evil Dead” respetaba su pasado, pero también miraba hacia el futuro. Raimi, Campbell y Tapert ampliaron la mitología y le dieron nueva vida al personaje del título, dándole un sentido de propósito más allá de destripar muertos vivos y rematar con un “GROOVY”. Hubiese sido más fácil simplemente lanzar baldes de sangre a Campbell y escribir una latiguillo gracioso diferente cada semana. En lugar de eso, tallaron un mundo vívido y crearon un puñado de personajes que encajan perfectamente con ese encantador idiota de la motosierra.

Al final de la primer temporada, Ash y sus fieles compañeros, la sarcástica Kelly Maxwell (Dana DeLorenzo) y el eternamente optimista Pablo Simón Bolívar (Ray Santiago) se dirigían a Jacksonville, Florida, en busca del paraíso. Acababan de hacer un trato con la inmortal seductora Ruby (Lucy Lawless), y el mundo literalmente se desmoronaba a su alrededor mientras recorrían la ruta. Como era de esperar, los tres están viviendo en la ciudad costera de la Florida, con un Ash siendo un springbreaker cincuentón. Sin embargo, un problema infernofamiliar (?) obliga a Ruby a pedirle ayuda a Ash y el trío se vuelve a Michigan, pero específicamente, a la ciudad natal de nuestro héroe, Elk Grove.

Mientras que la temporada pasada encontró a Ash y sus discípulos yendo de un lugar a otro tropezando con sangre, tripas y latas de cerveza vacías en casas rodantes, la segunda temporada de Ash Vs. Evil Dead es un funesto regreso a casa. Funciona muy bien, porque obliga al personaje a enfrentar sus demonios interiores tanto espiritual y físicamente, pero además debe enfrentar a su familia, su ofensivo y grosero padre Brock Williams (Lee Majors!!), el fantasma de su hermana (Ellen Sandweiss) o su no del todo brillante ex mejor amigo Chet Kaminski (Ted Raimi). Sumado a todo esto, debe luchar contra el marido de Ruby, el demonio Baal (Joel Tobeck) y sus escalofriantes esbirros, que no tienen nombre pero tranquilamente podrían llamarse Santiago y Federico (?).

Es raro que el ingenio de un show como “Ash Vs. Evil Dead” no reciba un reconocimiento adecuado. Es una lástima porque es una hazaña seguir creando múltiples escenarios que no sólo coinciden con las expectativas establecidas por el clásico de la franquicia gore, sino también superarlos. En sus episodios de apertura, la segunda temporada ha subido la vara aún más alto, prosperando con impresionantes efectos prácticos y una violencia espeluznante (Hay una escena particularmente repugnante en el segundo episodio que involucra un depósito de cadáveres y un fluido corporal que sorprendentemente nunca había bañado a Ash)

Eso es lo bueno de esta serie. Es asquerosa, es ridícula, es incluso estúpida a veces, pero es muy consciente de sí misma sobre todo esto. Desde la edición hasta los remates, “Ash Vs. Evil Dead” siempre está por sobre la broma, y por eso es capaz de abrir caminos en próximas historias sin desviarse del espíritu original, manteniendo los tonos y capitalizando el misticismo. Pero la serie se ha convertido en algo más. En una televisión donde todo se mide por el valor nominal, desde las risas a las emociones y las muertes, una vez más, “Ash Vs. Evil Dead” ofrece este caos con resultados valientes. Después de todo, ¿dónde más podrías ver al Hombre Nuclear con los pantalones bajos?

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