win it all

CINE \\ Win It All (Joe Swanberg, 2017 – Netflix) \\ Incluso los perdedores… (por Damo).

La adicción es brutal, una semilla podrida que infecta corazón, aferrándose hasta que puede crecer y estrangular a quien esté en su punto más débil. El alcohol, las drogas, el sexo, la comida, el tabaquismo, el ejercicio, las compras. No importa, la adicción se convertirá inevitablemente desastrosa a medida que se desarrolla su curso. Pero hay algo sobre la adicción al juego que hace que una historia convincente, una épica real de David y Goliat, y hemos visto esta historia aparecer una y otra vez con el tiempo. Apenas el año pasado, Ben Mendelsohn y Ryan Reynolds se fueron viaje en “Mississippi Grind”, rodando los dados en juegos que destrozarían el alma. Dos años antes, Mark Wahlberg protagonizó un remake mediocre de la epopeya de 1974 de Karel Reisz con guión de James Toback, “The Gambler” (quién puede creer que Wahlberg pueda ser profesor universitario de literatura, por favor), una versión mucho mejor que protagonizó James Caan como un hombre real que recibió golpes al mentón tan a menudo como cayó sobre un par de ases. Ahora, el director Joe Swanberg lanza sus cartas sobre la mesa con Win It All, su última colaboración con el actor y co-guionista Jake Johnson y que se estrena de manera gratuita en Netflix.

Johnson es Eddie Garrett, un desafortunado habitante de Chicago, que pasa la mayor parte de sus días haciendo de trapito en los partidos de los Cubs y la mayoría de sus noches en juegos de cartas clandestinos en Chinatown. Cuando lo encontramos por primera vez, Eddie no está en su mejor momento, perdiendo plata toda la noche y volviendo de día, dormido y quebrado en el tren, a su vida diurna igualmente deprimente. Nos enteramos de que ni siquiera puede comprar una mísera taza de café, ya que incluso le debe dinero a su kiosquero amigo. Pero las cosas cambian  para Eddie cuando un conocido, probablemente un corredor de apuestas, lo está esperando en su departamento con una propuesta muy lucrativa. Tiene un bolso misterioso que necesita ser escondido mientras va preso por poco tiempo (aproximadamente de seis a nueve meses) y le dará a Eddie 10.000 dólares por las molestias. A pesar de la advertencia de no abrir el bolso, Eddie va en contra de las órdenes, lo abre y encuentra, entre muchos otros artículos cuestionables, una tremenda cantidad de dinero en efectivo.

Probablemente pueden ver dónde va Eddie, y probablemente pueden apostar que no va a tomar una buena decisión, y tendrían toda la razón. Las apuestas son altas en Win It All (posiblemente las más altas que se hayan visto en una película de Swanberg) y ver a Eddie tratando de deshacerse de estos problemas alivia algo de la tensión más palpable y la ansiedad que sangra a través de cada escena de este dramedy. No se trata de la mecánica interna del juego, y ni siquiera es estrictamente una película sobre el juego, per se. Es un estudio de carácter denso que descansa sobre los hombros de Johnson, que ofrece su performance más destacada hasta la fecha, manejando casualmente cada escena con un magnetismo que recuerda el estilo actoral de los años 70 como De Niro o incluso el mencionado Caan. Hay mucho escondido en su rostro, ya sea sentimientos de auto-odio, orgullo, frustración, desesperación, miedo o amor.

Sí, también hay una sub trama romántica, pero una que Swanberg teje con facilidad, terreno tan familiar para él como cualquier barrio de Chicago. El interés amoroso de Johnson es una joven enfermera mexicana llamada Eva (Aislinn Derbez), a quien conoce una noche después de una de sus raras victorias en las mesas. Los dos desencadenan un vínculo encantador que se construye a un ritmo natural, y su tiempo juntos saca gran parte del corazón en Win It All. Éste es el primer papel de habla inglesa de Derbez (quién ya había trabajado para Swanberg en la serie de Netflix “Easy”, en un capítulo enteramente hablado en español) y su química con Johnson es tan natural como real. Lo mismo podría decirse de los otros secundarios, Joe Lo Truglio y Keegan-Michael Key. Siempre encasillado en personajes cómicos grotescos, Lo Truglio sorprende como el hermano equilibrado de Eddie, Ron, agregando a sus escenas un grado de humanidad realmente encomiable. Key, por otro lado, continúa su racha de comedias dramáticas que creció el año pasado con “Don’t Think Twice” de Mike Birbiglia, y sus escenas con Johnson están entre las mejores de la película. Key es un sparring brillante.

Brillante también es el trabajo Swanberg, que está en una especie de racha ganadora. “Win It All” es su película más accesible hasta ahora, a diferencia de “Digging for Fire” (otro hermoso tándem Swanberg/Johnson) no está a merced de sus tendencias naturales, más jazzísticas. Hay que admitir que hay un poco de humor Apatowiano(?) que se filtra de vez en cuando, pero nunca secuestra ni la escena ni a cualquiera de sus personajes. En cambio, se convierte en un complemento a su larga meditación, y gran parte de eso tiene que ver con su comodidad en tallar personajes entrañables en un espacio que el director conoce de punta a punta. Su confianza es evidente desde la primer toma, y la forma en que nos guía a través de estos lugares atemporales, desde los bares poco iluminados, diners y salones de bowling detenidos en el tiempo, logra que sea una experiencia fácil y universal, algo primordial para una película cuya historia principal ya ha sido contada varias veces. Una vez más, hemos visto al jugador magullado y torturado, pero la mano mágica de Swanberg es bastante adictiva para ignorar todo eso. Quédense tranquilos, es una adicción muy buena.

 

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