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CINE \\ I Am Not A Serial Killer (Billy O’Brien, 2016) \\ El terror de saber de qué va este mundo (por Rifle).

En un mundo (leer con la voz del que presenta las películas en el cine) en donde, después (mucho, muuuuucho después) del porno, el terror es posiblemente el género que más películas produce anualmente, es natural que la mayoría de los ejemplos de dicha producción sean formulaicos y poco inspirados, y por qué no una bosta, por decir las cosas de frente, sin pelos en los dedos que tipean.

Eso no quita que algunas personas inadaptadas de este bello planeta igual veamos toneladas de películas de terror, y ciertamente tampoco impide que las disfrutemos, por malas que sean. Pero no hay que confundir nuestra adicción, muchas veces comparable al flagelo de las víctimas del paco (¿Qué otra cosa es, sino paco del peor, lleno de vidrio molido y caca seca de Warwick Davis, la saga Leprechaun, por ejemplo?), con el placer de ver en la pantalla una historia original y bien puesta en escena, cosa que no sucede tan seguido como se quisiera.

I Am Not A Serial Killer cuenta la historia de John Wayne Cleaver (Max Records), un adolescente de pueblito chico con problemas psicológicos que le hacen temer la posibilidad de convertirse, de un momento a otro, en un asesino serial (el propio nombre John Wayne Cleaver es un guiño: mezcla entre John Wayne Gacy, uno de los asesinos seriales más célebres de la historia de los EEUU, quien, disfrazado de “Pogo, el payaso”, mató y violó a más de 33 personas entre 1972 y 1978, fue condenado a muerte en 1980 y ejecutado por inyección letal en 1994, y la palabra “cleaver”, que en Castellano significa algo así como hachuela o hacha de cocina, de esas que se usan para desmembrar animales pequeños). De pronto, un asesino serial empieza a regar el pueblo de víctimas, y John se encuentra preso de una obsesión con el caso, y especialmente con su vecino, Mr. Crowley (interpretado por Christopher Lloyd -y me gusta pensar que el nombre es un guiño al ocultista inglés, Aleister Crowley), que termina llevándolo a investigar el caso por sus propios medios, hasta toparse con un descubrimiento inesperado.

A diferencia de las películas usuales del género de terror, I Am Not A Serial Killer se encuentra en ese extraño limbo de terror psicológico, terror supernatural y drama existencialista (además de contener una bonita historia de amor, que no es menor en el desarrollo de la trama), salpicado por la intención noble del director Billy O’Brien de crear un objeto artístico, más que solamente un producto de consumo masivo para un nicho determinado y, salvando las distancias, por esto mismo podemos emparentarla con otras muy buenas películas como Under The Skin, de Jonathan Glazer, o Let The Right One In, de Tomas Alfredson, más un cierto toque de sátira y humor negro como (también salvando las distancias) podemos hallar en el cine de Michael Haneke (estoy pensando en la ambigüedad moral de los personajes de Funny Games).

La película se encuentra fácilmente en Netflix (o en tu proveedor favorito online con descuento de cinco clicks GUIÑO-GUIÑO) y es una opción interesante para, digamos, un viernes a la noche, cuando, como diría Vincent Price: la oscuridad cae sobre la tierra, la medianoche está a la vuelta de la esquina y las criaturas hambrientas de sangre se mueven a piacere por el barrio, para aterrorizarte.

 

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