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CINE \\ Personal Shopper (Olivier Assayas, 2016) \\ Espíritus en el mundo material (por Damo).

Abucheada durante su estreno en Cannes, laureada con el premio a Mejor Director en el mismo festival. Así de polarizante es esta película. Los diferentes lados del perturbador pero persuasivo Personal Shopper de Olivier Assayas no se superponen tanto como se tocan uno al otro de pasada. Es un poco película de casa embrujada, un poco de thriller acosador y un poco estudio de carácter y ánimo. Maureen Cartwright (Kristen Stewart), vive escogiendo ropa y bijouterie cara en nombre de un cliente muy famoso y además es una espiritista en ciernes tratando de hacer contacto con su hermano gemelo, que murió de un defecto congénito del corazón que ella también comparte. En cierto sentido, Assayas (Irma Vep, Demonlover), uno de los directores vivos más cosmopolitas, ha creado una actualización chic a la historia gótica de fantasmas. En vez de un carruaje tirado por caballos, la toma de apertura ofrece un Volvo que espera en las puertas de una vieja casa de señorial en las afueras de París, la clásica carta no firmada se convierte en una serie interminable de mensajes de texto de un número desconocido, mientras que la larga conversación expositiva entre Maureen y el amante de su empleadora (Lars Eidinger) también podría haber sido escrita para un drama victoriano. El compromiso con una estética narrativa del siglo XIX se extiende incluso a una subtrama innecesaria sobre bienes raíces.

Pero la verdad es que la trama de Personal Shopper, que se convierte en un misterio de asesinato a dos tercios de transcurrida la historia, es casi intrascendente. Para Assayas, los medios aparentemente opuestos de la alta costura y del espiritismo -uno en el materialismo, el otro en la inmaterialidad- son igualmente sensuales, transformadores y tentadores. Las similitudes entre un vestidor prohibido y una mansión poseída por los muertos son tenues, pero poderosamente sugerentes. Assayas los filma casi de la misma manera, con una cámara que merodea como un intruso y se esconde más de lo que muestra. Se propuso conjurar una misteriosa mezcla de anhelo y ansia metafísica. Las películas sobre el anhelo, siempre parecen localizar sus temas a través de las fascinaciones previamente establecidas de un cineasta. En el caso de Assayas, estos incluyen hoteles, estaciones, arte del siglo XX, llegadas y partidas de un viaje (especialmente aeropuerto y trenes), y cualquier cosa que involucre a Stewart, la musa de la película.

Más de lo que lo utilizó en su última película, Clouds Of Sils Maria, Personal Shopper está socavada por el diálogo en inglés. Este es un tema que afecta al resto del reparto marca Unión Europea pero no a Stewart, quien ya tuvo una de sus mejores actuaciones en Clouds of Sils Maria (curiosamente, también interpretando a la asistente personal de una celebridad). Stewart encontró en Assayas al tipo que mejor la traslada a la pantalla, ella lo sabe y esa simbiosis natural la hace brillar. Su personaje es el remanente de un par, viviendo sola en París, a pesar de que su novio (Ty Olwin, visto sólo a través de Skype, cuya transmisión pixelada también parece una figura fantasmagórica en la vida de Maureen), vive en el Sultanato de Omán haciendo trabajos de seguridad informática. A pesar de una rara incursión de Assayas con el CGI, la actuación de Stewart sigue siendo el efecto más consistente de Personal Shopper. La atmósfera sombría y ominosa que la película crea cada vez que decide que es, de hecho, una película de terror es sorprendentemente potente, considerando muchas convenciones o expectativas que de otro modo desafía. Pero el grueso de la historia descansa sobre los hombros de Maureen.

Stewart hace que las escenas de la vida cotidiana de su personaje parezcan insensibles, como si la película estuviera siguiendo a alguien cuyos pensamientos siempre estan en otro lugar. Mucho de ello es la magia de los gestos casuales, cosas que hace con tazas de espresso, pases de embarque, llaves, su iPhone. El discreto encanto de los milennials itinerantes (?). Personal Shopper no siempre funciona, hay lugares en los que limita con la tontería y la obviedad, y otros realmente muy buenos, como esa película dentro de la película, donde Benjamin Biolay interpreta al escritor Victor Hugo. Rara vez empareja deseos con satisfacciones, pistas con soluciones. Y si está vestida con trajes de noche de gama alta prestados sin permiso o frente a una presencia ectoplasmática traslúcida y mutante, Maureen nunca parece estar completamente convencida de lo que está viendo o experimentando. A fin de cuentas, Personal Shopper se trata de una mujer joven con una crisis personal y espiritual, pero tal vez la película es una reformulación del tedio moderno en los términos profundamente evocadores de lo sobrenatural e irracional.

 

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